miércoles, marzo 12, 2008

El libro de arena

El domingo me levanté temprano. Eran las 9:25 cuando mi amiga Checha me preguntó si tomaba café con leche y tostadas. Me desperecé con ganas, disfrutando de ese instante íntimo entre la cama y el día que está por venir, ese segundo en el que la cabeza se siente relajada y libre, sabiendo que no hay ningún deber que cumplir, ni ninguna rutina que seguir.
La noche anterior había estado paseando por las callecitas del Barrio Gótico de Barcelona. En los alrededores de la Catedral me quedé pensando y soñando de pie en uno de los rincones más bonitos del lugar, la plaza del rey. Impacta por la antigüedad de las murallas, las torres romanas, las piedras que se erigieron hace siglos y hoy continúan en el mismo lugar pero con otros transeúntes paseando a su alrededor... Si esos muros tuvieran una memoria audiovisual nos podrían contar millones de historias acontecidas en ese lugar...
El caso es que lo único que tenía claro el domingo al levantarme era que antes de las tres de la tarde quería volver a ese rincón, no tenía claro si quería entrar al Museo de Historia de la Ciudad, o simplemente dar una vuelta por allí.
Con tan poco objetivo por delante, tenía todo el domingo para disfrutar con mi alma y absorber a través de la observación y contemplación los detalles que mi mente estimara oportunos.
Sobre las doce del mediodía dejé a mi amiga descansando en su casa, y partí a caminar por la ciudad sola, con el bloc de notas, la lapicera, algo de dinero, el móvil, y poco más.
Volví al rincón de la plaza del rey.... esta vez no era tan mágico porque había muchos más turistas y cuerpos vivientes que el sábado a las 12 de la noche. Decidí no entrar al museo... de alguna manera preferí dejarlo para visitar en otro momento. Sin embargo, una de las antiguas puertas de madera del edificio estaba abierta.
Daba a un pequeño patio interno en lo que habría sido un sitio real. No quiero decir que era un palacio o un castillo para no caer en un error a juzgar por mi falta de memoria. Se trataba de un espacio cuadrado con una pequeña fuente circular en el centro, una escalera de piedra bien ancha que subía a unas galerías de múltiples arcos en piedra blanca que podían verse desde el centro del patio. Las dimensiones del patio no eran excesivas, pero sí majestuosas, algunas puertas eran inmensas y otras pequeñas; y desde algún rincón del edificio, lamentablemente inaccesible para mí, se podría subir a una alta torre que custodiara en su momento las inmediaciones del palacio.

Aparentemente el lugar había sido reformado por parte de algún Ministerio, probablemente el de Cultura. En este momento tiene lugar una "Exposición documental conmemorativa del VIII centenario del nacimiento del Rey Jaime I de Aragón". Muy interesante porque se trata de una serie de documentos manuscritos del 1.200. No serán más de 30, pero tienen un valor histórico inmenso. Explican en qué contexto se escribieron, relatando la biografía super interesante de Jaime I (quedó huérfano a los 5 heredando el trono, pero recién ejerció a los 10, todo un adulto!). La exhibición permite meterte de lleno en la Edad Media, entre pactos, conquistas, amantes, matrimonios entre primos y parientes, decenas de hijos, abusos de poder, la inquisición, batallas militares, y sobre todo, el poder de la palabra escrita y los documentos como prueba indiscutible de los hechos.

Después de recorrer este mágico rincón de Barcelona, y volver transportada desde otros tiempos a la realidad de ese domingo nublado de marzo de 2008, me fui caminando a ver el mar. No hay vez que vaya a Barcelona y no vea el mar, es un obligado, mi cuerpo y mi mente me lo piden. Habiendo nacido en una ciudad marítima, me siento identificada espiritualmente con este ente de la naturaleza....

Siguiendo mi ritmo natural de domingo, respirando el aire cargado de mar, protegiéndome del frío con mi abrigo y buscando refugio del viento, encontré una feria de antigüedades muy completa. Había de todo, desde teléfonos, candelabros, naipes, manteles, mantas, cubiertos, adornos, copas, vasos, joyas caras, bijouterie baratita, antiguos sellos postales , etiquetas de viejas botellas de cerveza, muñequitos de cerámica o porcelana, en fin... miles de miles de curiosidades... (siempre me dio curiosidad saber para qué compran lo que compran los que compran estas cosas... cada uno sabrá...)
El caso es que el último stand de la feria era un puesto de libros.... mi perdición! Además eran libros usados, cosa que aún me gusta más... Pispeando ejemplar por ejemplar, quería encontrar uno que estuviese editado en el año de mi cumpleaños... Sí! me agarró una especie de síndrome coleccionista, o sentí el valor arcaico de mi existencia, no sé. Soy de 1979, no es que sea vieja, pero de aquí a unos años lo seré y sabiendo esto, me hacía ilusión tener un libro que fuera tan viejo como yo.... Entonces, disfrutando con cada título que leía, abriendo los libros y entrando entre sus hojas para conocer el detalle de su nacimiento, de repente levanté del montón un libro que se aparecía entre todos con tapa color arena. Era un libro bien delgado, poco llamativo, pero de Jorge Luis Borges: EL LIBRO DE ARENA. Lo abrí, sus hojas estaban bien amarillentas por el paso del tiempo. No era una edición de tapa dura, ni hojas de seda, pero desprendía historia entre sus letras... Técnicamente el libro se editó en 1975 en Buenos Aires, pero esta que tenía entre mis manos era la segunda edición de Alianza Emecé, hecha en Madrid... Ese detalle me alcanzó: un libro del maestro argentino, editado en Madrid el año de mi nacimiento, y comprada por un tal Francesc Varnier Fernández el viernes 12 de octubre de 1979 (según reza su firma en una de las primeras páginas del libro), que luego de 28 años de vida en este mundo llega hasta mis manos, me enamora y lo adopto con la intención de leerlo y tenerlo como un tesoro descubierto entre los miles de millones de libros editados en el mundo.

9 comentarios:

FRAC dijo...

Oh! Qué relato interesante. Lo sitúo muy bien.
¿Sabes? Al leer el post he paseado contigo por esa zona tan hermosa de Barcelona.

Efectivamente, tienes un tesoro en este libro de Borges, por sí solo, pero además, y casi tan importante, la mezcla de Madrid-Barcelona-Buenos Aires y la anécdota... ¿tú qué crees, fue una casualidad dar con el libro o el libro te llamó?

MBP dijo...

waw.. esto si que es loco!
y justio dio la casualdid que encontraste ese libro en medio de una montaña de libros usados??

que locura este mundo!!!!
jaja saludos desde baires!

Trenzas dijo...

Se disfruta una enormidad revolviendo entre libros en los mercadillos. Aquí puedes encontrarlos todos los domingos en la plaza de la Catedral, entre muchas otras cosas antiguas y modernas. Yo solo me paro en los libros :)
Y siempre vuelvo cargada a tope. Menos mal que no tengo tiempo de ir, o aumentaría el caos de mi casa en forma exponencial.
Pero ese que te llegó a las manos, si tiene los visos de un encuentro mágico :)
Un beso grande, niña mía.

Servidores dijo...

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Hola!! te queda lindito el pelo corto.. ahí va Guguy.. que la cuides maja!! después voy yo.. hasta julio Kiss
Kitty

MIB dijo...


HOla a todos! claro! me estoy dando cuenta que no respondo a los comentarios... pero los leo todos en el momento que llegan... o por ahí.. porque los recibo en el email.

Estuve en el norte de Francia... recorrí 1500km para verlo a mi hermano.
Tengo mucho más trabajo que antes, lo que es positivo por dos cosas, porque estoy más activa, y porque gano un poco más.

Acá estoy. tengo momento ciclón en mi cabeza!

No dejen de pasar!

Gracias!

tu mama dijo...

No escribia, pensando que estando de viaje, no leias el blog. Veo que si, por eso queria decirte que tus comentarios son cada vez mas lindos, mejor escritos...hija...no desperdicies ese talento, por lo menos para vos, compilalos en una especie de libro. Bueno, te lo he dicho mil veces, pero estaria bueno no crees???
Ya estoy esperando un mail con fotos de tu ultimo viaje (o visita a Julian)
Besos hija!!! te quiero mucho.

MIB dijo...

viejita! pero si llegamos el domingo de Francia! jaja por eso me conecté!! No suelo conectarme si estoy de viaje ... y mucho menos en un pueblito del norte francés más aislado que sócrates en el exilio!

Viejis.. prometo fotos y relatos.

Besos
te quiero

adam brown dijo...

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